Sin título (crónica) – Clarice Lispector


Sin Título (Crónica)
Clarice Lispector

El texto que aquí presentamos forma parte de las crónicas publicadas por Lispector entre 1967 y 1973 en el Jornal do Brasil.

Traducción de Micaela Paredes


¿Cómo es que osaron decirme que más que vivir vegeto? Solo porque llevo una vida un poco retirada de las luces del escenario. Yo, que vivo la vida en su elemento puro. Tan en contacto estoy con lo inefable. Respiro a Dios hondamente. Y vivo muchas vidas. No quiero enumerar cuántas vidas de los otros vivo. Pero las siento todas, todas respirando. Y tengo la vida de mis muertos. A ellos les dedico mucha meditación. Estoy en pleno corazón del misterio. A veces mi alma se retuerce entera. Tengo una amiga que tiene cálculos renales. Y, cuando una piedra quiere pasar, ella vive el infierno hasta que pasa.

Espiritualmente, muchas veces una piedra quiere pasar, entonces me retuerzo toda. Después de que pasa, quedo pura por completo. Es mentira decir que no se puede ayudar a la gente. Soy ayudada por la mera presencia de una persona viviendo. Soy ayudada por la saudade mansa y dolorida de quien amé. Y soy ayudada por mi propia respiración. Y hay momentos de risa y de sonrisa. De alegría, la más alta. Una persona un día me escribió: te dejaría por Dios. Entiendo. ¿Será que esa persona puede dejarme ahora y me reemplaza por Dios? ¿O tiene saudade de mí? Creo que tiene saudade de mí y por momentos es poseída por Dios. En el momento en que escribo, mi desnudez es casta. Y es bueno escribir: es la piedra que pasa al fin. Me entrego entera a esos momentos. Poseo mi propia muerte. Ya tengo una gran saudade por los que dejaré. Pero estoy tan ligera. Nada me duele. Porque estoy viviendo el misterio. La eternidad antes de mí y después de mí. El símbolo del misterio es, en Vila Velha, Paraná: es de antes de la aparición del hombre en la Tierra. El silencio que debió haber en aquel tiempo no habitado. La energía silenciosa. Del tiempo que siempre existió. El tiempo es permanente. Nunca terminará. ¿No es lindo eso? También tengo otra piedra, todavía más antigua: los geólogos llegarán a la conclusión de que viene de la época de la formación de la Tierra. Brasil es muy antiguo. Sus volcanes ya están extintos. Paré un instante de escribir para tomar esa piedra y entrar en comunicación con ella. Me dieron también un pequeño diamante: parece una gota de luz en la palma de mi mano. Tengo fuertes tentaciones y fuertes deseos. Para superar todo eso, paso 40 días en el desierto. Tengo a mi lado un vaso de agua. De vez en cuando tomo un sorbo. Así estoy saciando todas mis sedes. Ahora voy a enseñar un modo hindú de alcanzar la paz. Parece broma pero es verdad. Es así: imaginarse un ramo de rosas blancas. Visualizar su blancura suave y perfumada. Después, pensar en un ramo de rosas rojas, príncipe negro: son encarnadas, apasionadas. Después, visualizar un ramo de rosas amarillas, que son, como ya escribí, un grito alegre de alarma. Después, imaginar un ramo de rosas rosadas, en su recato, pétalos gruesos y aterciopelados. Después, reunir mentalmente esos grandes ramos en una enorme cesta. Y, finalmente, tomar la color rosa, tal vez, por ser tan recatada en su palidez y por ser la rosa por excelencia, y llevarla mentalmente a un jardín y ponerla en su sitio. Los hindúes alcanzan paz con esa visualización. Pienso en la India, que probablemente nunca conoceré. Pero el hambre no espiritualiza a nadie. Solo el hambre deliberada. Está lloviendo, son las cuatro de la mañana. El viento sacude las puertas cerradas de mi terraza. Pero mi cuerpo está caliente. Está para sentir frío, pero estoy caliente y viva. Hoy por la tarde voy a tener un encuentro muy importante. Respeto profundamente al alma con que voy a reunirme. Y esa persona me respeta mucho. Tal vez sea un encuentro en silencio. Me mandaron una carta de Minas Gerais: en ella estaba dibujado mi rostro y el hombre decía que me amaba con mudo fervor. Le respondí diciendo que todo fervor es mudo. Y agradecí ser objeto de ese fervor. El dibujo es muy bueno. Me pregunto si ese hombre me conoció personalmente, cuando estuve en Belo Horizonte dando una conferencia. Es un dibujo más fiel que una fotografía. ¿Y quién es Gilberto? Que me mandó un dibujo en que aparezco de cuerpo entero, con un cigarro en la mano. Al lado, Gilberto escribió el título de algunos libros míos y dibujos alusivos a los títulos. Y, al lado derecho, muy adolescentemente, Gilberto escribió: “¡Linda! ¡Fascinante! ¡Fatal!”. Gilberto, no existe gente fatal, solo en el cine mudo. El dibujo también es muy bueno. ¿Tú me conoces personalmente, Gilberto? Perdón, pero no me acuerdo de ti. Y solo firmaste “Gilberto”, no pusiste ninguna dirección en el sobre, y por eso estoy respondiendo aquí. Para el encuentro de hoy por la tarde me voy a vestir y perfumar muy bien. Y, si hablamos, serán palabras de alegría. ¿Qué perfume usaré? Creo que ya sé cuál. No digo qué perfumes uso: son mi secreto. Uso perfume para mí misma. Me estoy acordado de mi papá: él decía que yo era muy perfumada. Es un don que Dios da al cuerpo. Humildemente lo agradezco. Y un día tal vez vaya a India. Pediré quizás un préstamo al banco y tendré dinero para estar una semana allá. ¿Tendré el coraje de ir sola? Necesitaré la dirección de alguien allá que me guíe. Me gustaría tanto ir… Voy a terminar ahora porque tengo un espacio determinado en este diario. Voy a leer un poco. Sobre diamantes. En una revista italiana que dice: “Tra le pietre prezíose é la piú bella, la piú ricercate, é l’idea stessa di pietra preziosa”.


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