Por Matías Hermosilla

Hay palabras que hablan más allá del presagio y voces que en símbolos dicen más que lo evidente a la escucha de los mortales y cotidianos. Sara Martínez en Feliz solo en las ruinas nos evoca la voz de una pitia que es capaz de llevarnos a esos caminos irresolutos en las marcas frágiles de las cicatrices de vidas pasadas.  En Sara resuenan las cicatrices del legado clásico y tal como una portavoz de los naturales del Olimpo nos advierte al iniciar el viaje en “Del discurso del mar” que “A la corriente de agua, yo la traduzco/ como traducían los héroes las palabras/ incompletas de los astros y los dioses”. 

En los versos de Sara, los poetas morimos, nos perdemos y nos reencontramos, en referencias sutiles nos hace dialogar con sus deseos y sueños mientras nos impone las vivas marcas de ruinas mediterráneas. Los dioses y los animales le hablan otorgándole claves que la llevan a valorar también la naturaleza misma de la palabra en sus versos: “las palabras no brotan más que de los árboles”. Y es así como sus sensaciones liminales se viven entre las palpitaciones que actualizan la pronunciación de verbos latinos y tópicos clásicos. Pues es así como Sara experiencia el amor y la pasión, dejando lo efímero de la espuma e invitándonos claramente a rasgar su firme declaración de ser una mujer que vive por el placer. Y esas ruinas clásicas no son solamente del canon grecolatino con una voz suave y temeraria nos traslada a cines parisinos, a habitantes de sus vidas pasadas y a la propia residencia natural de las palabras: la amargura de la soledad y el resguardo del silencio.

Feliz sólo en las ruinas, es una magnifica construcción de una pitia que ilumina el presente con voces de olvido, con marcas concretas de fragmentos dolientes y que sabe que la vida ha pesado y ha sido sufrida, pero finalmente, es eso lo que nos ha hecho felices. Este poemario es en palabras sencillas la alegría de la angustia que nos hace ser quienes somos, es la voz de vagones viejos, el retrato del mar Egeo, la hierba en la boca ajena y la condena de los poetas. Sara nos sienta a la mesa con su libro de profecías y nos obliga a conversar con Homero, sangrar los diálogos de Platón, cerrarle la puerta a Plinio el joven y encontrar el amor tañido en el mármol. Como buena traductora de los dioses nos hace concluir este viaje con una profecía que solo podrán entender quienes resisten al mundo mirando al corazón en los huesos frágiles de los clásicos o quienes logren descifrar las claves escondidas en las ruinas de esta alma inquieta. Es decir, Sara nos deja en claro que al final del viaje, como cantara el trovador cubano Silvio Rodríguez: “Quedamos los que puedan sonreír, en medio de la muerte, en plena luz”.

Sara Martínez Navarro, Feliz solo en las ruinas, Granada: Esdrújula, 2021. 50 páginas.

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